dimecres, 21 d’octubre del 2020
LA 399ª NOCHE
diumenge, 11 d’octubre del 2020
LA 398ª NOCHE
LA 397ª NOCHE
dijous, 17 de setembre del 2020
LA 396ª NOCHE
dilluns, 14 de setembre del 2020
LA 395ª NOCHE
diumenge, 13 de setembre del 2020
LA 394ª NOCHE
Y CUANDO LLEGÓ LA 394ª NOCHE
Ella dijo:
... Al oír tales palabras, Al-Raschid llegó al límite del asombro, porque no había dado nunca semejante orden, y hacía más de un año que no se paseaba por el río. Miró, pues, a Giafar y le interrogó con los ojos acerca de lo que significaba aquello. Pero Giafar, tan asombrado como el califa, se encaró con el barquero viejo, y le dijo: "¡Oh jeique" he aquí dos dinares para ti. Pero date prisa a llevarnos en tu barca y a ocultarnos en una de esas casetas abovedadas que hay a flor de agua, sencillamente para que podamos ver el paso del califa y su séquito sin que nos vean y nos prendan". Tras de dudar mucho, el barquero aceptó la oferta, y después de llevar en su barca a los tres, los guareció en una caseta y extendió sobre ellos una manta negra para que se les divisase menos aún.
Apenas se habían colocado así, vieron acercarse el barco, iluminado por la claridad de teas y antorchas que alimentaban con madera de áloe, esclavos jóvenes vestidos de raso rojo, con los hombros cubiertos con mantos amarillos y la cabeza envuelta en muselina blanca. Unos se hallaban a proa y otros a popa, y levantaban sus teas y sus antorchas, pregonando de cuando en cuando la prohibición consabida. También vieron a doscientos mamalik de pie, alineados a ambos lados del barco, rodeando un estrado situado en el centro, donde aparecía sentado en trono de oro un joven vestido con un traje de paño negro realzado con bordados de oro; y a su derecha se mantenía un hombre que se asemejaba asombrosamente al visir Giafar; y a su izquierda se mantenía con el alfanje desenvainado, otro hombre que se asemejaba exactamente a Massrur, mientras en la parte baja del estrado estaban sentadas por orden veinte cantarinas y tañedoras de instrumentos.
Al ver aquello, exclamó Al-Raschid: "¡Giafar!"
El visir contestó: “!A tus órdenes, oh Emir de los Creyentes!" El califa dijo: "¡Seguramente debe ser uno de nuestros hijos, quizá Al-Mamúm o quizá Al-Amín! Y de los dos que están de pie a su lado, uno se parece a ti y el otro a mi portaalfanje Massrur. ¡Y las que se sientan al pie del estrado parecen de un modo extraño a mis cantarinas habituales y a mis tañedoras de instrumentos! ¿Qué piensas de todo esto? ¡Yo estoy sumido en una perplejidad grande!" Giafar contestó: "¡Yo también, ¡por Alah! oh Emir de los Creyentes!"
Pero ya habíase alejado de su vista el barco iluminado, y libre su angustia exclamó el viejo barquero: "¡Por fin estamos seguros! ¡No nos ha visto nadie!"
Y salió de la caseta y condujo a la orilla a sus tres pasajeros. Cuando desembarcaron, se encaró con él el califa, y le preguntó: "¡Oh jeique! ¿dices que el califa viene todas las noches a pasearse como hoy en ese barco iluminado?" El otro contestó: "¡Sí, señor, y ya hace un año de esto!" El califa dijo: "¡Oh jeique! somos extranjeros que estamos de viaje, y nos gusta regocijarnos con todos los espectáculos y pasear por todos los sitios donde hay cosas hermosas que ver! ¿Quieres, pues, admitir estos diez dinares y esperarnos aquí mismo mañana a esta hora?" El barquero contestó: "¡Quiero y me honro!" Entonces se despidieron de él el califa y sus dos acompañantes y regresaron al palacio comentando aquel espectáculo extraño.
Al día siguiente, después de tener reunido el diwán durante toda la jornada y de recibir a sus visires, chambelanes, emires y lugartenientes, y de despachar los asuntos corrientes, y juzgar y condenar, y absolver, el califa se retiró a sus habitaciones, quitándose sus ropas reales para disfrazarse de mercader, y acompañado de Giafar y Massrur tomó el mismo camino que la víspera, y no tardaron en llegar al río, donde les esperaba el viejo barquero. Se metieron en la barca y fueron a ocultarse en la caseta, en la cual esperaron la llegada del barco iluminado.
No tuvieron tiempo de impacientarse, porque algunos instantes después apareció el barco sobre el agua encendida por las antorchas y al son de los instrumentos. Y divisaron a las mismas personas que la víspera, el mismo número de mamalik y los mismos invitados, en medio de los cuales se hallaba sentado en el estrado el falso califa entre el falso Giafar y el falso Massrur.
Al ver aquello, Al-Raschid dijo a Giafar: "¡Oh visir, estoy viendo una cosa que nunca habría creído si fueran a contármela!" Luego dijo al barquero: "¡Oh jeique toma diez dinares más y condúcenos a la zaga de ese barco; y nada temas, pues no nos han de ver porque están en medio de la luz y nosotros en las tinieblas. Nuestro objeto es disfrutar el hermoso espectáculo de esta iluminación sobre el agua!" El barquero aceptó los diez dinares, y aunque muy atemorizado, empezó a remar sin ruido por la estela del barco, cuidando de no entrar en el círculo luminoso...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
dijous, 10 de setembre del 2020
LA 393ª NOCHE
Y CUANDO LLEGÓ LA 393ª NOCHE
Ella dijo:
"... Y en cuanto al supuesto atractivo que da la barba a los jóvenes, ¿no sabes ¡oh jeique! los versos del poeta a este respecto?
Escucha:
¡He aquí que al nacer en su mejilla los primeros pelos, ha huido su amante!
¡Porque cuando el carbón de la barba ennegrece el mentón, convierte en humo los encantos del joven!
Y cuando la página en blanco del rostro se llena con lo negro de la escritura, ¿quién que no sea un ignorante querrá tomar la pluma todavía?
"Así, pues, ¡oh jeique! rindamos homenaje a Alah el Altísimo, que supo reunir en las mujeres todos los goces que pueden llenar la vida, y prometió a los profetas, a los santos y a los creyentes darles el paraíso como recompensa a las huríes maravillosas. Y claro que, si Alah el infinitamente bueno comprendiera que había en realidad fuera de las mujeres otras voluptuosidades, sin duda se las hubiese prometido y reservado a sus fieles creyentes. Sin embargo, Alah no habla nunca de los mozuelos más que para presentarlos como servidores de los elegidos en el paraíso; pero a nadie se los prometió ninguna vez con otros fines. ¡Y el mismo Profeta (¡con él la plegaria y la paz!) no se inclinó jamás en tal sentido, sino al contrario! Porque acostumbraba repetir a sus compañeros: "¡Tres cosas te hacen amar este mundo: las mujeres, los perfumes y la frescura que presta al alma la plegaria!".
Pero mejor de lo que yo sabría hacerlo, resumen mi opinión ¡oh jeique! estos versos del poeta:
¡Entre trasero y trasero hay diferencia! ¡Si os acercáis a uno, se os tizna de amarillo el traje; pero si os acercáis al otro se os perfuma!
¿Cómo hay quien compare al mozo con la moza? ¿Se atrevió nunca nadie a preferir la madera olorosa del nadd a los excrementos de los cetáceos?
"Pero veo que la discusión me excitó demasiado y me hace rebasar los límites de la conveniencia en que deben mantenerse las mujeres, principalmente en presencia de los jeiques y los sabios. Me apresuro, pues, a pedir perdón a quienes hayan podido molestarse u ofenderse, y cuento con su discreción para cuando salgan de esta entrevista, porque dice el proverbio:
"¡El corazón de los hombres bien nacidos es una tumba para los secretos!"
Cuando hubo acabado de contar esta anécdota, Schehrazada dijo: "¡Y esto es ¡oh rey afortunado! lo que pude recordar de las anécdotas encerradas en el Paraíso florido del ingenio y el Jardín de la galantería!"
Y dijo el rey Schahriar: "¡En verdad, Schehrazada, que me encantaron en extremo esas anécdotas, y me entran ahora deseos de oír una historia como las que me contabas antes!"
Schehrazada contestó:
"¡En ello pensaba precisamente!" Y dijo enseguida:
EL FALSO CALIFA
Cuentan que una noche el califa Harún Al-Raschid, presa del insomnio, hizo llamar a su visir Giafar Al-Barmaki, y le dijo: "¡Tengo oprimido el pecho, y deseo ir a pasearme por las calles de Bagdad y llegar hasta el Tigris, para ver si paso la noche distraído!" Giafar contestó oyendo y obedeciendo, y al punto se disfrazó de mercader, tras de ayudar al califa a que se disfrazara de lo mismo y de llamar al portaalfanje Massrur para que les acompañara disfrazado como ellos. Luego salieron del palacio por la puerta secreta, y empezaron a recorrer lentamente las calles de Bagdad, silenciosas a aquella hora, y de esta guisa llegaron a la orilla del río. En una barca amarrada vieron a un barquero viejo que se disponía a arroparse en su manta para dormir.
Se acercaron a él, y después de las zalemas, le dijeron: "¡Oh jeique! ¡deseamos de tu amabilidad que nos lleves en tu barca para pasearnos un poco por el río, ahora que hace fresco y es deliciosa la brisa! ¡Y he aquí un dinar por tu trabajo!" Y el interpelado contestó con acento de terror en la voz: "¿Sabéis lo que pedís, señores? Por lo visto no conocéis la prohibición. ¿No veis venir hacia nosotros el barco en que se halla el califa con todo su séquito?"
Preguntaron muy asombrados: "¿Estás seguro que ese barco que se acerca lleva al propio califa?" El otro contestó: "¡Por Alah! ¿y quién no conoce en Bagdad la cara de nuestro amo el califa? ¡Sí, mis señores, es el mismo, con su visir Giafar y su portaalfanje Massrur! ¡Y mirad con ellos a los mamalik y a los cantores! Oíd cómo grita el pregonero, de pie en la proa: ".Prohibido a grandes y pequeños a jóvenes y a viejos, a notables y a plebeyos, pasearse por el río! ¡A quien contravenga esta orden se le cortará la cabeza o será colgado del mástil de su barco!"
Al oír tales palabras...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.







